jueves, 30 de abril de 2020

Los perversos polimorfos

texto ANDREI MALDONADO

Ya escribía Freud, por allá de principios del Siglo XX, que la perversión no es precisamente aquello que es inmoral, sino más bien lo que pertenece al mundo amoral. El padre del psicoanálisis detalla que los niños, a temprana edad, carecen de restricciones propias de la moralidad, de ahí que pueden recibir estímulos sexuales desde distintas partes de su cuerpo, sin que esto signifique una falta a la ética, pues en esencia ellos no distinguen el bien del mal.

Lo perverso, desde el mundo de los adultos, nace a partir de las prohibiciones de la moral impuesta cuando el niño crece, cuando en su afán de exploración concentra su apetito sexual en su aparato reproductivo, en un acto más de la naturaleza de conservación de la especie que de una búsqueda vana de placer. El adulto entra en escena y le dice al niño que tal acto no está bien, pues es “cosa de adultos”. El resultado: el niño desea con ansias ser adulto para hacer esas “cosas”.

Es cierto que esa perversión inocente puede llegar a resultados caóticos cuando el contexto del niño lo confunde aún más, cuando está rodeado de adultos con conductas inadecuadas o que simplemente no se interesan en ellos. En el cine existen varias historias en torno a lo que Freud llamó “los perversos polimorfos”. Aquí una pequeña selección de algunos títulos que vale la pena tomar en cuenta.

Cría Cuervos (1976)
La película de Carlos Saura es todo un clásico de la cinematografía española. La crudeza con la cual las tres niñas protagonistas demuestran su despertar sexual va de la mano con la España postfranquista la cual -valga la metáfora- también vivía como nación un “despertar” tras décadas de un régimen totalitario. Ana, la líder de las tres, lleva la voz cantante de la historia, donde abundan los juegos de rol -que tropiezan entre lo inocente y lo perverso-, el deseo de ser adulto y la rivalidad que puede tener una hija hacia su madre como rivales de pasión. La niña protagonista, Ana Torrent, es también la protagonista de El Espíritu de la Colmena.


El Espíritu de la Colmena (1973)
Desgarradora historia dirigida por Víctor Erice, antecesora de Cría Cuervos, no solo en su fecha de producción, también en su narrativa, al estar ambientada en plena dictadura de Francisco Franco. En esta película vemos nuevamente a dos hermanas en pleno descubrimiento de la vida, con las preguntas recurrentes que tienen los niños que ya empiezan a soñar con ser adultos, pero que algo de la infancia los retiene ¿el resultado? El siempre duro encuentro con la realidad, en este caso, con la muerte. Tal pareciera que los personajes de El Espíritu de la Colmena inspiraron a Guillermo del Toro para su Ofelia de El laberinto del Fauno (2006).

El Tambor de Hojalata (1979)
Adaptación de la obra maestra de Günter Grass, esta película ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes y el Oscar a Mejor Película de habla no inglesa, está envuelta en el misticismo de un personaje único como Oskar, un niño que, viendo cómo es el mundo de los adultos, decide dejar de crecer. El volverse un enano convierte su proceso hacia la adultez en un dolor de cabeza para su familia y para su primer amor, una jovencita que más adelante se volverá su madrastra. Un niño eterno que tal vez nunca fue un niño, obsesionado con un tambor.

Alicia en las Ciudades (1974)
Si bien en esta historia no vemos de lleno el tema de la polimorfización, definitivamente el personaje de Alicia nos remite al pronto despertar sexual que tienen las mujeres: la niña posee un encanto natural que se une al paisaje que retrata Wim Wenders en esta especie de road movie. La pareja que forma Alicia con Félix, desprovistos de perversión y envueltos en un halo de padre adoptivo-hija huérfana, sirvió de base para que, años después, nacieran parejas similares en películas como León (1994) y Lost in traslation (2004).


Elisa Antes del Fin del Mundo (1996)
La obra dirigida por el duranguense Juan Antonio de la Riva, bajo el guion de Paula Markovitch y la producción de Roberto Gómez Bolaños, representa un drama bien logrado sobre las inquietudes que puede tener un niño en las cercanías al Siglo XXI. El final de los tiempos lleva a Elisa a resolver un conflicto familiar de la forma más lógica que ella ve: asaltar un banco. Un reflejo de lo que sucede con los niños de la postmodernidad, con padres siempre ausentes, aunque estén presentes.

Esta historia nos lleva a la vez a otro guion de Paula Markovitch que ella misma dirige: El Premio (2010), que es protagonizado por la misma niña que años más tarde estelarizó Ciencias Naturales (2014) de Matías Lucchesi, cinta argentina como Las Mantenidas sin Sueños (2007) de Vera Fogwhil, todas encontrando punto común en la orfandad de padre, no por muerte sino por ausencia, y como esto va condicionando su crecimiento y su relación con sus madres.

Es pertinente mencionar en este breve especial otras películas relevantes sobre esta temática, una de ellas también de Argentina: XXY (2007) de Lucía Puenzo, que se adentra aún más en el tema de la exploración sexual desde el tema de la identidad de género; la otra es El Arte de Llorar en Coro (2009), de Peter Shonau, película danesa, adaptación de una novela de ese país, que relata el conflicto que nace en un niño el descubrir los deseos incestuosos de su padre, pero también el ferviente objetivo del infante por complacerlos.

Y finalmente está una de mis favoritas particulares, Los Niños Invisibles (2001), cinta colombiana que parte de un guion del gran Gabriel García Márquez. En ella el inocente deseo de hacerse invisibles llevará a un grupo de niños a buscar ayuda en la magia oscura, todo por tener un poco de suerte para enamorar a una niña. Realismo mágico y magia real, al más puro estilo del “Gabo”.

Villanos humanos… demasiado humanos

texto ANDREI MALDONADO

El mundo de las películas de Disney se compone de personajes base que se repiten en cada historia: una heroína o princesa. Un héroe o príncipe, uno o varios patiños de los protagonistas y, por supuesto, un villano con secuaces. Existen muchos que gozan de gran fama entre chicos y grandes, como Cruella de Vil, Úrsula o Scar.

Los que analizaremos a continuación se destacan por tener un lado demasiado humano, por lo que en ocasiones parecen ser extremadamente reales, y por ende más crueles; pero también, en muchas otras ocasiones, aparecen como víctimas de las circunstancias que les tocaron vivir, como cualquier persona de carne y hueso.

Frollo
El juez Claude Frollo, villano de El jorobado de Notre Dame (1996), es quizá uno de los más crueles antagonistas del universo Disney, sobre todo porque su crueldad es terriblemente humana. No es alguien con poderes, una criatura sobrenatural ni mucho menos. Es, sin embargo, la máxima autoridad de París, en una Francia dominada por la Inquisición.

Frollo no solo se gana un puesto importante entre los villanos Disney por ser responsable de la muerte de la madre de Quasimodo. Todos sus actos conllevan una infinita maldad, dominada por su xenofobia hacia los gitanos, a los cuales desprecia por pobres, por mundanos, y los acusa constantemente de herejía, tachándolos de brujos.

Pero un detalle importante es que el máximo juez de París es el único villano con una evidente debilidad hacia las mujeres. No es solo un malvado que quiera casarse con la princesa bajo engaños. Abiertamente le propone a Esmeralda salvarse de la hoguera si se queda a su lado. Es decir, que le hace insinuaciones sexuales a cambio de salvarle la vida.

El final es más que merecido para un ser tan cruel, que incluso dentro del propio templo de Notre Dame estaba dispuesto a matar a Quasi y Esmeralda, cayendo aferrado a una gárgola a las llamas de la propia hoguera que desató, exclamando “…y Él castigará a los malvados y los enviará al fuego infernal…”, lo que es toda una ironía, al recibir el castigo que tanto pedía para otros.


Dr. Facilier
Antagonista de La Princesa y El sapo (2009), película que pertenece a la etapa más atrevida de los estudios Disney, que apostaron por ambientar sus historias en culturas de otros países o bien en segmentos de la propia sociedad norteamericano no explorados antes, como la Nueva Orleans posterior a la Guerra Civil.

En ese entorno aparece un villano muy distinto a otros. Para empezar Facilier no tiene algo en particular contra los protagonistas. Su ambición es el poder, aunque sea a pequeña escala. Para ello se basa en el engaño, en los trucos de magia y, cuando es necesario, recurre al vudú y a los embrujos, a los cuales tiene acceso a través de sus “amigos de las sombras”.

Ese es quizá uno de los elementos más tenebrosos que rodean al personaje, pero también de los más tristes, ya que continuamente durante la historia lo vemos pedirle a sus “arrendadores” de magia tiempo para pagar sus deudas contraídas. Incluso su sombra se ve separada de él, actúa por cuenta propia, lo que refleja que su alma está demasiado comprometida.

Finalmente, cuando sus planes fallan, sus “contactos del más allá” se cobran los favores con el alma de Facilier, en lo que es uno de los finales de villanos más lúgubres de las películas de Disney.


Madre Gothel
Uno de los villanos que, si no pone uno cuidado, solo pasa como un villano más, tan malvada como Maléfica. Pero si se ve a detalle encontrará que Madre Gothel es más una mujer infortunada que una malvada madrastra. Una mujer, a fin de cuentas, víctima de un mal que, en esencia, es el mismo que afectaba tanto a la madrastra de Blanca Nieves y a muchas mujeres del siglo XXI: la belleza y la juventud.

Gothel, antagonista de Enredados (2010), es una hechicera que descubre en una flor la magia para permanecer siempre joven y bella. Cuando la flor es usada para sanar a la reina del lugar Gothel se queda sin su preciada fuente de eternidad, pero descubre que la hija de la reina, Rapunzel, ha heredado el don de la flor en su larga cabellera dorada.

Lejos de querer dañarla Gothel quiere llevarse solo un pequeño mechón de la bebé, pero como al ser cortado el cabello pierde su magia, opta por secuestrar a la niña. Claro, es un acto criminal, pero a fin de cuentas solo un acto desesperado de una vanidad llevada a un punto patológico. Así Gothel finge ser la madre de Rapunzel y la oculta del mundo para su beneficio en una alejada torre.

De ahí en adelante su esfuerzo se centra en que la ahora mujer Rapunzel no descubra la verdad, aunque hay que decirlo que jamás la humilla o maltrata, como haría una malvada madrastra o hermanastra, como en Cenicienta. El desenlace de esta mujer es aún más trágico: al ver cortado por completo todo el cabello de Rapunzel, Gothel entra en la desesperación por envejecer y cae de la torre.


Michael Yagoobian
Conocido casi toda la película como “El del sombrero”, Michael Yagoobian es el “villano” de La familia del futuro (2007). Villano entrecomillado porque, como se va viendo durante la trama, realmente es manipulado por un robot en forma de bombín llamado Dor-15, quien utiliza el resentimiento que “Mike” ha cultivado desde que era un niño contra Lewis, su compañero de cuarto en el orfanato, el cual al desvelarse con sus inventos no lo deja dormir y le arruina un juego de beisbol.

El punto trágico en la existencia de Michael “Goob” Yagoobian no es que se trate de un niño huérfano, sino en que él decide tomar un evento determinado, como quedarse dormido a medio juego y no poder cachar la pelota, como pretexto para ser infeliz toda su vida. Se dedicó solo a recordar lo malo y espantó a todos los padres que querían adoptarlo, culpando de su infortunio a Lewis.

Abruma esta situación ya que es, lamentablemente, la postura que muchas personas eligen: deciden ser infelices teniendo todo para salir adelante. De ahí en más Michael, o mejor dicho “El del sombrero”, en quien se convierte en el futuro, es más un patiño que un villano, pues todo le sale mal. A final de cuentas quien parece salirse con la suya es “Doris”, quien también odia a Lewis.

A final de cuentas el robot es derrotado y el final feliz solo alcanza al Michael del pasado. El del sombrero, al ver su error, declina la invitación a tener una familia. Una vez más elige ser infeliz. Para su “yo” del pasado el destino se redime: Lewis lo despierta a tiempo para que atrape la pelota, él es feliz y encuentra una familia adoptiva. El destino y las decisiones son protagonistas de esta película.


Comandante Lyle Tiberius Rourke
Un mercenario. Así de sencillo, pero a la vez, así de humano. Un exmilitar cuya única ambición es el dinero. Como muchas películas de aventura live-action Rourke se revela como el villano a mitad de la historia, aunque desde un principio se nota que es un hombretón violento, al cual solo le interesan las cosas mundanas, situación que explota al ver el potencial de la Atlántida.

Sí, hablamos de uno de los villanos más menospreciados por los fans, siendo que es el común denominador de muchos líderes, políticos y empresarios del mundo actual. Villanos del mundo real. Incluso él mismo se presenta como “un investigador capitalista” cuando Milo, protagonista de Atlantis: el imperio perdido (2001) lo llama mercenario, al no importarle nada, ni siquiera la vida humana.

Rourke incluso se deshace de su ayudante, la igualmente ambiciosa Helga Sinclair, que es toda una femme fatale. El final del comandante termina siendo una lección de lo que le puede pasar al hombre cuando subestima el poder de la naturaleza y el misticismo que existe en las culturas primigenias: el elemento que pretende robar lo destruye, y con él desaparece toda la ambición de la expedición.

Mención especial aquí a John Clayton, villano de Tarzán (1999) que guarda mucha similitud con Rourke al ser un hombre corpulento, algo brusco de tratos, siempre acompañado de su arma y movido por la ambición que genera el dinero, cuya muerte fue también una de las más impactantes, pues muere estrangulado por las lianas de la selva durante su lucha contra Tarzán.

miércoles, 29 de abril de 2020

De Reboots, spin-offs y secuelas mal logradas

texto ANDREI MALDONADO

Existe una tendencia (casi obsesiva) de parte de Hollywood que ha ido creciendo en los últimos años: los llamados Reboot o “reinicios”, que no son más que nuevas formas de contar una historia que ya conocíamos. En su afán por parecer original los estudios financian costosas producciones cuyos guiones parecen novedosos, pero no son más que una burda explotación material.

Algunos Reboot han aparecido como “salvavidas” en busca de rescatar del fracaso financiero sagas cinematográficas sobre explotadas; sin embargo, muchas de esas secuelas tenían guiones mucho más creativos que los “reinicios” que, si bien acaparan la atención de los espectadores gracias a sus descaradas e invasivas campañas publicitarias, a la hora de llegar a la pantalla grande ocasionan una gran decepción, tanto en los fans más fieles como en la crítica.

Así también aparecen los spin-off, historias alternativas que se centran en un personaje secundario de la película original, cuyos hechos ocurren de forma paralela a la historia central y que en la mayoría de los casos poco o nada aportan a las sagas, más que dinero para las productoras; ya no digamos las secuelas y precuelas, el más viejo truco de la industria hollywoodense cuando se trata de aprovecharse de sagas que tienen a un público cautivo.

Iniciar un listado de Reboots, spin-offs o secuelas mal logradas sería una tarea titánica, pues hablamos de la gran mayoría de este tipo de películas, pero en esta ocasión nos enfocaremos a dos sagas de la ciencia ficción: Depredador y Terminator, que recientemente tuvieron nuevas versiones (una un spin-off, el otro un Reboot) que contaron con todos los reflectores y recursos para brillar, pero que argumentalmente fueron peores que sus antecesoras.

El caso más reciente fue Terminator: Dark Fate (2019), la cual pretendía reiniciar el universo de esta saga tras el fracaso en taquilla de Terminator: Genesis (2015), esto mediante la explotación de dos actores históricos de la primera cinta de los 80’s: Linda Hamilton y Arnold Schwarzenegger. Sin embargo, el discurso de la cinta es vacío y responde más a un estudio de mercado que a un interés genuino por contar una historia, lo que provocó agujeros en el guion.

Primeramente, en un afán de aprovechar los discursos feministas actuales, los productores decidieron borrar, de golpe y porrazo, el héroe principal: John Connor, algo semejante a que Harry Potter, de un día para otro, no hablara más de ese mago y fuera protagonizado por Hermione. De ahí en más la película carece de innovaciones y cae en el absurdo y en las inconsistencias, desaprovechando el camino allanado por su antecesora.


Y es que Terminator: Genesis había sido considerada un fracaso taquillero, cuando su poca aceptación se debió más bien al rechazo que los fans tuvieron por su predecesora, Terminator: Salvation, que nada aportó a la continuidad de la historia. Pero argumentalmente Génesis ofreció una salida creativa al actualizar el discurso del miedo a las máquinas. Fue ambientada en un 2017 dominado, como actualmente lo es, por el mundo de las apps, donde ahora Skynet busca penetrar.

Sumado a esto estuvo la salida creativa de convertir en antagonista al profeta John Connor (mucho mejor que matarlo) y resolvió perfecto la ecuación de por qué Arnold Schwarzenegger puede seguir interpretando al T-800 pese al paso de los años. La audiencia no entendió bien la trama y terminó condenando la película a un desastre financiero similar a lo que le pasó a Alien: Covenant (2017), que por mucho es una cinta tan buena como la original, aunque infravalorada.

El otro caso es El Depredador (2018), el cual usa el truco de titularse igual a la original (como lo hizo la versión 2019 de Chucky) para enganchar al público. Sin embargo, la trama resulta ser un grosero embuste para los fans. Los diálogos y escenas de acción resultan terriblemente predecibles y, por momento, rayan más en lo ridículo que en lo dramático o terrorífico, por lo que no extraña que la audiencia y la crítica la calificaran como la decepción del año.

Curiosamente esta película era anunciada como la gran salvadora del desastre que había sido Depredadores (2010), la cual obligó a parar la saga durante ocho años; sin embargo, el argumento de esta menospreciada cinta es de resaltar: por primera vez la trama se desarrolla en otro planeta, todos los protagonistas son en realidad villanos con los que el público simpatiza, y agrega elementos creativos como los sabuesos de los depredadores y dos razas de ellos en conflicto.

Sin duda el estilo carnicero, aunque siempre cuestionable, que Robert Rodríguez logra impregnar a sus películas está presente en Depredadores, pero en su lista de producciones como director seguramente este film no cupa el mismo puesto que El Mariachi o Del crepúsculo al amanecer; una auténtica lástima, pues la opinión general a veces manda al olvido unas películas y pone en pedestal a otras, aunque en ello no tenga que ver la calidad de su guion.

Así podríamos seguir sin terminar la lista de películas que quizá nunca debieron de hacerse, en donde coloco por ejemplo las dos historias de Jurasic World, o los dos recientes largometrajes de Jumanji. Como diría Juan José Antuna en uno de sus textos publicados números atrás en Cinéfagos: Hollywood es un experto en explotar la nostalgia del público, y añado: ese público comete el error de aceptar guiones pobres con presupuesto exagerado, pues promueve que las productoras sigan haciendo los mismo

miércoles, 22 de abril de 2020

Aprender para reconstruir: los efectos del coronavirus en el cine

texto ERIC EDUARTE VILLA
fotografía ANDREI MALDONADO

Hace unos días mi Madre me dijo: "Nunca me imaginé que estaríamos en una situación así". Nadie se la imaginaba, ni yo. Siempre creímos que todo esto solo pasaría en las películas, llegábamos a la sala del cine a comprar nuestro boleto, las palomitas y demás. Se nos presentaba en la película una trama apocalíptica, de zombies, de alienígenas, asteroides, cambios climáticos y hasta de Virus. Disfrutábamos la película a pesar de que sentíamos angustia, miedo, tensión, incertidumbre, nos paralizábamos y asombrábamos, al final nos llevaba a una reflexión y quizá la olvidamos porque seguíamos con nuestro ritmo de vida sin lograr un cambio necesario.

Empezamos una nueva era, nos adentrábamos a los nuevos años 20´s, la segunda década del Siglo XXI, la del Tercer Milenio, nos creíamos invencibles e inmortales teniendo control sobre este mundo, yendo y viniendo de un lado a otro, convencidos de nuestro lugar y dominio en la Tierra, parecido a lo que escribió H.G Wells en su novela "War of the World". No, no aprendimos de la obra literaria ni de la cinematográfica de Steven Spielberg con esa introducción narrada por Morgan Freeman.

La ficción alcanzó la realidad y ahora nos enfrentamos a un monstruo microscópico que ha puesto a los habitantes de este planeta en una situación apocalíptica. Aquellas historias que tanto nos fascinaron en una pantalla han dejado de proyectarse, de filmarse y no sabemos hasta cuando volveremos a presenciarlas como antes lo hacíamos. Y en un pensamiento negativo llevaríamos esto a un escenario sin retorno, marcándolo como un fin, y los que sobrevivan solo les quedaría comenzar de nuevo. Aunque siendo optimistas (y realistas) en la posibilidad de comprender nuestro razonamiento, volveríamos a disfrutar del séptimo arte en una sala y en filmaciones.

Mediados de febrero y se anunciaba el primer estallido contra el cine, el estreno de la nueva película de James Bond No Time To Die se aplazaría hasta el mes de noviembre del presente año. La noticia no caía bien para los seguidores de la saga que ya la esperaban en los primeros días de abril, y se duda hasta el momento si la película logrará el éxito esperado en su nueva fecha, que ha decir verdad, octubre y noviembre han sido los meses de 007, el optimismo apuesta a que tendrá una gran respuesta.

Pero no terminaba ahí la situación. Paramount Pictures anunciaba la suspensión del inicio del rodaje de la nueva película de Misión Imposible en su séptima entrega, la penúltima de la saga (ya que también se tiene contemplado una octava antes de que Tom Cruise abandone el papel principal) la cual se rodaría en Venecia justo en la semana en que los casos de Coronavirus se dispararon en Italia. Siguieron las suspensiones de películas. La nueva entrega de Rápidos y Furiosos ha aplazado su estreno un año, hasta mayo del 2021; otra película postergada fue Un lugar en Silencio 2, cancelada hasta nuevo aviso; por el momento no sabemos cuándo se estrenará, incluso se ha mencionado que se buscaría estrenarla en streaming.


No sólo ha sido el estreno de películas, también se han suspendido hasta nuevo aviso todos los festivales de la época de la primavera, sin nueva fecha, como el Festival Internacional de Cine en Guadalajara y el Festival de Cine de Todos los Santos, que se realiza en Baja California Sur, entre otros más dentro del país. Y el que más ha sido golpeado, anunciando la cancelación definitiva ha sido el Festival de Cine de Cannes, donde los organizadores buscaron una nueva fecha para mediados de año, pero la idea es realizarlo como se ha venido haciendo siempre y que se logre disfrutar sin problema, por ello han decidido regresar con la edición 2021.

Hay festivales veraniegos que aún no parecen tan comprometidos, esperando llevarse a cabo y no tener que aplazarlos o cancelarlos, uno de ellos es el FICDU (Festival Internacional de Cine de Durango) el cual está fechado para llevarse a cabo a finales de junio. Por ahora se mantiene con la convocatoria abierta, aunque ya dio aviso que podría cambiar de fecha si la contingencia obligará a mover eventos del verano. Igual se mantienen en pie los festivales otoñales y del invierno.

Los Oscars y los Globos de Oro del 2021 saldrían afectados, ya que al no tener estrenos este año ambos premios no tendrían películas qué nominar, no les darían los reconocimientos a las pocas películas aplazadas al otoño e invierno. Al no tener suficientes películas para nominar como siempre se verían afectadas las ediciones del siguiente año, comprometiendo la realización de ambos eventos. Los festivales postergados talvez ya tenían su selección oficial y pueden tener el mismo cartel en su reanudación, el detalle es que los Oscars y los Globos de Oro toman las películas del 2020 y serían insuficientes con las estrenadas a principios de año y las de finales de otoño e invierno, en caso que ya estén abiertos los cines.

En la parte de la filmación se detuvo todas las producciones ya iniciadas y aquellas que estaban por comenzar también fueron suspendidas. Durante febrero y marzo miles de producciones se realizaban por todo el mundo, aquí en Durango a falta de dos semanas de rodaje fue detenida una serie. Todo eso ha causado pérdida de empleos, que es lo más triste y complicado por venir. En la industria fílmica hay miles de actores y personal técnico que dependen de esa fuente de ingresos, siendo la única que tienen, afectando a muchas personas económicamente. Si esto podría empeorar, prácticamente todas las salas de cine en el mundo han cerrado sus puertas, donde también afectan a miles de empleados que laboran en ellas.

Pero no todo está perdido, ya que, aunque los cinéfilos también salen perdiendo por no mirar los nuevos estrenos, las plataformas digitales son las únicas que no se verán tan afectadas ya que, al estar las personas en casa sin actividades, ni escuela ni trabajo, pueden pasar el tiempo mirando películas y series en formato streaming. Plataformas como Netflix, Disney+, Blim, Filminlatino y otras más ofrecen catálogos con una gran variedad de títulos, géneros y temas. Al menos el público tiene asegurado mucho cine en casa, tanto de ficción como documental. Curiosamente en medio de la cuarentena la película española El Hoyo está teniendo un gran éxito.

Esperemos pronto volver a disfrutar de grandes historias en la pantalla grande, en un set, en un teatro, incluso algunas se crearán a partir de esto. Pero algo sí debemos tener en mente: quizá los tiempos que vendrán no serán como antes (todavía es complicado asimilarlo y poco creíble, pero sucederá) y cuando veamos una nueva película reflexionemos sobre lo que se nos presenta y aprendamos para tener un una sociedad y un mundo mejor. En algún documental escuché: "La tierra puede vivir sin el ser humano, pero el ser humano no puede vivir sin la tierra".

domingo, 19 de abril de 2020

José Luis Cano: engrane fundamental en la nueva sangre del cine duranguense

texto JUAN JOSÉ ANTUNA ORTIZ

En el número pasado de Cinéfagos, mi amigo Andrei Maldonado hacía un recuento de todos esos directores que, de al menos los últimos 10 años a la fecha, han venido haciendo, cada uno desde sus proyectos, posibilidades, lenguajes e inquietudes, que el cine en Durango vuelva a tener una identidad muy propia, gracias a los festivales, y a pesar de lo que big industry nacional e internacional puedan hacer por el estado y la ciudad.
Dentro de este recuento me pareció muy acertado el hecho de que Andrei mencionara a los que hoy día comienzan esta aventura con una herramienta que quizá los pioneros no tuvieron: la enseñanza académica por parte de expertos, esto desde la creación. hace casi tres años, del Centro de Cinematografía y Actuación Dolores del Río (CCA).

Si bien es verdad que para que alguien busque hacer cine debe gustarle el cine, y en muchas ocasiones eso es inclusive lo más importante, sin siquiera tener la necesidad por pasar por una escuela de cine, como muchos grandes directores lo han hecho, y sólo saberse rodear de apasionados que busquen lo mismo, sí es importante saber lo que esta generación dotada de conocimiento más allá del propiamente formado por la inquietud, el análisis y el “cineclubismo” (una de las mejores herramientas y formas de aprender cine que hay).

De ahí surgió mi interés por poder charlar y preguntar en torno a su obra, el sentir de lo que él cree que viene para las personas que buscan realizar cine en Durango, de ahí fue que me acerqué a uno de las jóvenes promesas de esta nueva sangre de realizadores duranguenses: José Luis Cano.

Antes de abordar la charla/entrevista que sostuve con el joven realizador de 23 años (y buen amigo, debo mencionar además) que es un cinéfilo en toda la extensión de la palabra (la cantidad de películas que pudo ver el año pasado a mí me dejó impresionado y que fue gracias en parte a otra actividad que realiza y que platicamos durante la charla) y miembro de la primera generación del CCA, debo mencionar como es que surgió la oportunidad de poder charlar con él.

De hace medio año para acá el hecho de escribir sobre cine y mi cobertura a los diferentes festivales a los que tengo la posibilidad de asistir por gracia del lugar donde vivo, me ha hecho coincidir y conocer a muchas personas que de una u otra forma pertenecen a esta industria: productores, directores, actores, guionistas, escritores, críticos, etc.

Eso ha hecho que empiece a recibir tanto comentarios de mi trabajo como oportunidad de visionar trabajos en proceso, películas de muy difícil acceso o que sólo están guardadas en discos duros de sus propios realizadores, incluso películas que están por estrenarse o cortometrajes que están “festivaleando”.

En lo que va de este año he tenido la posibilidad de poder ver tres trabajos que están en las descripciones anteriores, una película aún sin estrenarse y un par de cortometrajes que buscan un lugar en importantes festivales de cine (incluso uno de ellos tuve la oportunidad de proyectarlo y presentarlo en la ciudad de Durango) y uno de ellos es el más reciente trabajo realizado por el buen Cano.

"Una canción para el fin del mundo" lleva por título este notable y destacable trabajo, el cual se distingue por dos cosas en particular. La primera, la forma en que retrata y narra una relación amorosa que pareciera podría ser una relación hasta cierto punto perfecta y estable; pero una sola acción tan simple como preguntar cuál sería la canción que te gustaría escuchar en el fin del mundo, rompe la falsa ilusión de estabilidad en una relación a todas luces tóxica.

Una relación en la que más de uno se puede sentir identificado precisamente por una palabra clave que he mencionado, y que no es “tóxica”, sino “luces”. Hay una iluminación más que atinada y sutil que lo hace a un colocarse en el ojo del huracán que se está formando en esta secuencia. La segunda cosa que también llamó poderosamente mi atención es que el cortometraje está filmado en un solo plano secuencia, fotografiado en un sublime blanco y negro.

Aunque para muchos críticos y realizadores esto no es importante, para mí siempre habrá una necesidad de entender un poco el contexto de la obra de las palabras de su realizador y entender también un poco la conexión que su trabajo y él como persona podrían tener, y crear una línea narrativa que nos hagan entender, apreciar y analizar a la obra y al autor. Y a raíz de esto, y gracias a que Cano accedió a esta charla, esto es lo que me pudo comentar.


¿Háblame un poco como nació la idea de este cortometraje?
Antes que la idea, lo que nació fue la intención de querer hacer algo. A finales del año pasado, luego de haber salido del CCA, platiqué con Alejandro Subia, quien es el fotógrafo del cortometraje y quizá la persona con la que mayor estoy conectada en cuanto al cine se refiere, puesto que empezamos este sueño prácticamente juntos hace cuatro años. Él quizá sea más joven que yo, tiene 18 años, y el conocimiento que tiene de cámaras es magistral, para mí es una de las grandes promesas del cine duranguense en cuanto a la cinefotografía se refiere.

Entonces le hablé de mi intención de querer hacer algo, porque de los siete trabajos que he realizado seis han sido con él. Empecé a escribir el guion, que fue algo muy difícil para mí, a decir verdad, porque nunca había escrito un guion con tantos diálogos, son ocho páginas completas, y además de eso la responsabilidad de que fueran aterrizados, poder darles la fuerza para que el espectador se sintiera enganchado desde un principio.

Ya que lo tenía listo se lo pase a todos mis amigos de confianza del CCA con los que quería hacer algo, porque eso es otra cosa que quería hacer yo con este cortometraje, poder trabajar con todo este grupo de excelentes personas, que con algunos había podido trabajar en la escuela y con otros no. Y decidimos que, pasadas las fiestas de fin de año, empezaríamos a trabajar en ello.

¿Cómo es que nace la idea de hacerlo en un plano secuencia?
La verdad es que la idea fue de Kevin Martínez, quién es el actor.

Es el mismo actor de Guajiro de Juan José Hinojosa, ¿cierto?
Sí. Yo ya había trabajado con él también en mi anterior cortometraje de ficción El Retorno Perpetuo. Y la cosa surgió porque yo quería que él fuera el actor, y cuando me reuní con él y con Subia les mostré el guion y en este sólo tenía en el encabezado HABITACIÓN–NOCHE, y fue entonces que me dijo que por qué no lo hacíamos en plano secuencia. Según yo, o al menos hasta donde he investigado, no hay precedentes de que haya un cortometraje en plano secuencia en Durango, así que vendría a ser el primero filmado de esta forma.

¿Quién más colaboró en este cortometraje?
Francia Correa estuvo trabajando muy cerca mío y de Subia ya que fue quien nos ayudó en la iluminación, y la verdad es que su trabajo fue bien importante, y además muy sutil por lo que me comentabas, que la iluminación tenía que parecer que fuera una iluminación de casa, tenía que tener verosimilitud, sin que se notaran las lámparas que utilizamos, que fueron muy especiales, también el detalle de las velitas que no sé si pudiste notar.

Y además el detalle de cómo empezamos el cortometraje con la bocina apagada y las velas encendidas, y al final este termina justo enfocando el punto de vista de la cámara, sobre la bocina encendida y las cámaras apagadas. Debo decir que este lo escribí antes de haber visto 1917 (risas). También trabajó en el proyecto Fernanda Burgos como diseñadora de arte y Jazmín Ibarra como decoradora, llenaron de detalles el set para que fuera una extensión de lo que estaban pasando los personajes en su relación, es algo que se nota de un punto a otro, tanto en la parte tranquila como en la más caótica.

Fue un trabajo muy arduo el que realizaron ellas, tuvieron prácticamente que construir una habitación y hacer paredes falsas en el lugar donde filmamos y me parece que su trabajo también es por demás importante para que el cortometraje quedara de una manera en la que todos termináramos satisfechos con el resultado. Carmen González fue asistente de dirección, Beatriz Salgado fue la encargada de peluquería, Alma Luna fue gerente de producción, Menny de la Hoya fue el productor.

¿Por qué era tan importante que filmaran en este lugar?
Para mí era muy importante que tuviera este tipo de vista de fondo y no fuera una habitación cerrada. Las luces de la ciudad eran muy importantes y también hacían juego con la iluminación del mismo set. Fue difícil encontrar un lugar tan alto, porque luego acá en Durango no hay muchos lugares que sean más altos de cuatro pisos.


¿Platícame un poco cómo fue el trabajo con los actores?
Con ellos empecé a trabajar un mes y medio antes al día del rodaje. En realidad, no hicimos ningún trabajo de ensayo, salvo unos días antes para ver cómo se tenían que mover frente a la cámara, fue un trabajo muy coreográfico en ese aspecto. Realmente la preparación en sí fue reunirme con ellos varias veces a la semana en la casa de la actriz y hacerles preguntas sobre sus personajes, como “¿Cuál es el color favorito de ella?”, o “¿Cuál es el nombre de la mamá de él?”, ese tipo de cosas, quería que se conectaran y entendieran al personaje, que lo fueran construyendo de esta manera, más que a la situación que estaba en el guion y que ellos vivirían en el momento de la realización.

El día del rodaje hacíamos la secuencia y conforme se iba desarrollando yo tenía que hacer anotaciones en mi cabeza sobre que se tenía que corregir. Ya que se terminaba hablaba con ellos y les daba el mismo tiempo de descanso que duraba la secuencia, porque sé que son actores además de muy profesionales, muy comprometidos con sus personajes, y para mí era importante dejarlos respirar y digerir lo que habían vivido.

Kevin tiene un andar bastante importante en la escena local y Melissa Zaragoza, que es la actriz, tiene más de 20 años de trayectoria en el teatro en Durango, de modo que sabía la responsabilidad que tenía a la hora de dirigirlos, y también tenía que tener un tiempo para borrar todo lo que había “corregido”, para no confundir con lo que habría que corregir de la siguiente secuencia.

¿No tuviste alguna clase de ayuda en la lectura de guion precisamente para este tipo de correcciones?
No lo creí necesario porque este guion yo me lo aprendí de memoria, en serio. Eso se debe a que este quizá sea mi guion más personal, o con el que más me he involucrado. Dos diálogos del corto son en realidad de dos situaciones personales que viví, o que pude haber vivido. Los otros los escribí de pláticas con amigos, o luego de cosas que escuchaba en el camión y anotaba en una libreta que llevo todo el tiempo conmigo donde escribo cosas que quizá pueden servirme para futuras ideas.

Y me pareció interesante escribir esta historia sobre el amor y las relaciones tóxicas, parejas que no funcionan por la falta de comunicación, pero siguen a pesar de las peleas. Queríamos hacer con este cortometraje algo diferente, superar lo antes hecho. Tuve muchas inseguridades a la hora de escribirlo por lo que te comentaba que no había escrito tantos diálogos nunca en ninguno de mis cortometrajes, pero al final resultó que mientras escribía el tercer acto, y al momento de realizarlo, me di cuenta que todo encajaba perfecto, y eso fue como una especie de revelación para mí, al ver que sí sabía lo que estaba haciendo.

¿Cuánto tiempo te llevó el rodaje del cortometraje?
Alrededor de 8 horas desde que el equipo empezó a montar todo hasta que se dejó recogido el departamento. Yo llegué un poco después del inicio al set. No me preocupé en ningún momento por esta cuestión porque confío tanto en este equipo que se formó, que sabía que todos harían lo que tenían que hacer. Fueron 14 tomas realizadas, fue la 13 la que quedó.

Además, debo volver a reconocer la labor de Subia ya que en todas las tomas no se ve en ningún momento que la cámara se desestabilizara o se viera movida, salvo el movimiento propio al seguir la escena, que en esto le ayudó el asistente de cámara que fue José María Gusiñer, que fue quien nos facilitó el equipo, y que también es un cinefotógrafo muy talentoso que estudió en el CAAV en Guadalajara. Sólo hubo un problema en la secuencia que en un momento se ve la sombra de quien nos ayudó en el sonido directo, que es Francisco Noriega, y que era algo que no se podía evitar, pero en eso nos ayudó Juan José Hinojosa, quien fue encargado de VFX.

¿Háblame un poco de tu experiencia en el CCA?
Creo que puedo hablar por todos mis compañeros al decir que es la mejor experiencia de vida que hemos tenido. Si bien la gran mayoría de las personas podría creer que lo mejor de estar en el CCA es el tener como profesores a gente tan reconocida como Damián Alcázar, Ángeles Cruz, el mismo Juan Antonio de la Riva, además de tantos profesores importantes que hemos tenido y que han ganado un montón de Arieles, la verdad es que el CCA sirve para algo muy bonito que no es sólo el crear un sueño, sino crear un sueño con personas que te apoyan, compartir con alguien ese sueño.

El cine es muy pesado, esto es sólo para gente muy apasionada, si no te apasiona, no es para ti. Pero, así como es de pesado como muchos otros trabajos, se siente bien bonito llegar a tu casa luego de una larga jornada sabiendo que estás haciendo lo que amas, que estás compartiendo con personas igual de apasionadas que tú. Estás acompañado de cómplices que alimentan tus sueños.

El CCA nos enseñan a entender el equipo técnico, la animación, el sonido, las cámaras, pero lo más bonito que nos da el CCA es la motivación y el hacerte saber y sentir que eres capaz de lograr lo que quieras, y no sólo lo hacen por hacerlo, si te lo dicen es porque así es, los mensajes son claros, así como cuando te equivocas te lo hacen saber.


Y no es casualidad que este cortometraje esté lleno de compañeros de la escuela, y no sólo de mi generación, sino también de la segunda, que creo soy la persona que más se involucró en conocer a la mayoría de los compañeros de la escuela, que iban de todas las edades, desde los 18 hasta los 30. Y es que para mí el cine es eso, un arte colectivo, el cine es la colectividad, por eso puedo decirte que por muy personal que sea un trabajo mío, siempre trato de involucrarlos en las decisiones que se van a tomar en cualquier área y departamento de la producción.

Les muestro mi visión y lo que quiero hacer, pero les doy la libertad de que ellos me muestren una propuesta, y en base a eso llegar a un punto medio, en el que todos sintamos que este proyecto es de todos, y no se los digo sólo para motivarlos, sino porque así lo siento. Yo soy el que toma la decisión al final, por supuesto; pero para mí es importante que todos se sientan parte de esto, porque sin ellos, sin mi equipo y su talento, no podría hacer nada, por eso para mí es tan importante reconocerlos cada vez que puedo. Por eso nunca me gusta que se diga la palabra “una película de”, cuando es de todos los que la hacen.

¿Qué es lo que hace escribir a Cano, o cuáles emociones te llevan a pensar que una historia puede ser realizable?
Siempre trato de escribir cosas realizables. No me gusta escribir cosas muy ajenas de mis capacidades. En cuanto a las pasiones que me mueven, si hay un tema en mis trabajos que toco con mucha constancia es el de la resignación, por lo general en todos trato con personajes que luego de un gran esfuerzo por retener o luchar contra algo, se dan cuenta de que la vida va a continuar, tengas o no tengas eso por lo que estabas luchando. Puedes tratar lo más posible por conseguirlo, pero si la realidad te dice que no es para ti, pues no lo es.

Eso al menos en mi obra de ficción, en el documental es diferente. Y es algo que toco constantemente porque es algo que incluso vivimos como país todo el tiempo, ahora con lo del coronavirus, que hay personas que tienen que quedarse en casa a pesar de vivir al día y que si no trabajan se van a morir de hambre, o salir y exponerse aún más a la muerte. También la lucha del feminismo y todas estas mujeres, y es algo que veo más presente en esta generación que ya no se conforma y que incluso confronta viejos vicios, y esta lucha me parece muy loable.

Me gustaría que me hablaras un poco de Centauro. Cuando me comentaste que había sido un trabajo muy improvisado, ¿a qué te referías con esto?
Es que fue un trabajo que surgió y que hicimos muy rápido. Debo decir que es el tercer cortometraje documental que tengo, y el mejor realizado. Para Centauro acabábamos de ver Subia y yo la convocatoria para la última edición del Festival de Cine Mexicano de Christian Sida y queríamos mandar algo, pero la fecha límite era en tres días, de modo que le propuse a Subia hacer una trabajo para cerrar la “trilogía de la nostalgia”, entonces investigando sobre qué lo podía hacer, mi mamá me dijo que había conocido a una persona cercana a Hernando Name y yo le dije que estaba haciendo un cortometraje y que me gustaría entrevistarlo, y al día siguiente me dijo que el señor me esperaba a tal hora en su casa.

Entonces le hablé a Subia y a Carmen González, que fue quién nos ayudó con el sonido directo, para ver si podrían ir, me dijeron que sí, y así fue. Horas antes de ir me puse a investigar y ver entrevistas para no preguntarle lo mismo que ya le habían preguntado, y el señor nos atendió y la charla fue muy extensa y nos platicó de muchas cosas, en ratos yo estaba platicando con él y le decía a Subia que grabara ciertas cosas y detalles de su casa, y al final la charla fue sobre el oficio de director, y sobre el cine de antes y el cine de ahora.

Me gusta mucho el final donde dice que volteas hacia atrás a ver todo el camino y te das cuenta que vale la pena. Naces, mueres y vuelves a nacer en el cine. Después fuimos a grabar a Chupaderos y Paseo del Viejo Oeste, mi hermano nos consiguió que nos dejaran pasar y grabar, como los caballos que salen en el corto. Subia y yo nos reunimos en un café y empezamos a editarlo, fue un proceso algo complicado por todo el material que teníamos. Y pues así, en un proceso de tres días, quedó listo, lo mandamos a tiempo, y quedó seleccionado.

Y fue algo que nos dejó muy satisfechos por dos cosas interesantes: la primera, y quizá esta es la más personal, es porque el cortometraje fue muy aplaudido en las dos proyecciones que tuvo, y la segunda, que la mayoría de la gente que se nos acercaba a darnos algún comentario nos decía que les había gustado mucho porque era el único de los cortometrajes que tenía un final feliz, y eso es verdad. En esa última edición de Hecho en Durango todos los cortometrajes tenían una temática muy triste, muy depresiva, los finales eran tristes, violentos o depresivos y creo que eso es algo muy presente en esta generación, la depresión.

Entonces Una canción para el fin del mundo ya se está festivaleando ¿Podrías decirme en qué festivales lo postulaste?
Está ahora mismo en 10 festivales. Está en el Shorts, en Guanajuato, en Monterrey, en otros 3 en Ciudad de México. También lo mandamos a Costa Rica, a Ecuador, a un festival en Colombia y a otro en Alemania. A mí la verdad con que quede en uno me quedo satisfecho, que se pueda ver en otro lugar que sea fuera de aquí. Buscábamos que acá fuera la primera proyección, pero ahora que se ha cancelado todo por lo del coronavirus, y sin fecha para poder reprogramarlo, ya veremos qué sucede.


¿En qué otros proyectos has colaborado?
Mientras estuve en el CCA estuve en el departamento de arte de la película El diario de Karem por dos meses. Fue un trabajo bien intenso, al que yo me integré días después del rodaje, pero fue un trabajo muy gratificante, porque pude observar todo en torno a una producción tan grande. Luego ya no me pude reponer a eso porque terminando la producción entramos a la escuela (risas).

Pero de alguna manera para eso les sirvió la escuela, para acostumbrarse a ese estilo de vida, el de las producciones.
Totalmente. Cuando estaba en el CCA era estar todo el tiempo haciendo algo, si no estaba investigando algo, o haciendo un ejercicio para la escuela, o en una producción, o incluso viendo una película que me iba a servir. No estaba en ningún momento de ocioso, por eso ahora me es tan difícil estar sin hacer nada en mi casa (risas).

Háblame un poco de cómo te llegó la oportunidad de ser programador del Vancouver Latin America Film Festival (VLAFF)
Christian Sida, que desde el principio ha apoyado mucho al CCA, le dijo a Libertad Salgado, que es la directora de la escuela, que quería abrir dos vacantes a gente joven y nueva en el medio, para integrarlos al equipo del festival. Entones él le dijo que dentro de los alumnos a quien quería tenía que ser capaz, además tener el conocimiento y el criterio, el aguante de ver tantas películas y de diferentes ritmos y temas. Entonces Libertad le dijo que en el único que pensaba era en mí.

Entonces, Libertad fue quien te dio el voto de confianza.
Si. Entonces Christian me contactó y me dijo que quería invitarme a esto, y yo le dije que sí, me preguntó que quién creía yo que podría sumarse también al proyecto, conociendo a los alumnos, y yo le dije que la única que encontraba capaz para eso era a Jackelyn González, y que incluso ella y yo podíamos reunirnos a hacer una selección entre los dos a analizar y discutir las películas. Entonces accedió, y fue algo bien padre, pero también muy demandante porque había que ver en un corto lapso 70 películas de las cuales solo tendríamos que seleccionar seis. Y este año nos preguntó si queríamos seguir, porque les gustó mucho nuestro trabajo, y pues aquí seguimos.

¿En qué está trabajando o qué sigue para Cano?
Ahora estamos trabajando en un proyecto de música de sesiones en vivo, además de que lo de este cortometraje yo creo que me va a dar satisfacción de al menos saber que este año ya realicé algo, además de lo que vaya a salir de los festivales. Y pues hay otras cosas de las que aún no puedo hablar (risas). Además de que desde ahora estoy pensando en mi largometraje, sé que es algo que se dará en un largo plazo, pero ya empiezo a pensar en ello. Más que ambición o deseo, es pensar que en cada corto es como un ejercicio, practicar para cuando tenga que dar ese gran paso.

Para finalizar, háblame un poco de dónde vino esa pasión cinéfila tuya ¿qué acontecimiento hizo que Cano decidiera que el cine era el camino a seguir?
Creo que mi cinefilia nació precisamente gracias a ese videoclub que te comentaba. Video Siordias se llamaba. Estaba cerca de la escuela en la que estaba, y a la salida siempre me llevaban, ya fuera mi hermana mayor, mi mamá, mi papá, y recuerdo muy bien la sensación de estar en este lugar. No era un lugar con pasillos grandes como Blockbuster, era un lugar pequeño, apretado.

Recuerdo el olor de los videocasetes, luego de los DVD, los posters, los colores, siempre me acercaba a ver los estrenos. Recuerdo que tenía como 7 años y me daba miedo pasar por donde estaban las películas de terror, hasta veía esa parte más oscura que el resto. Entonces recuerdo haber descubierto ahí Star Wars, por ejemplo, que me encantaba ver, y las películas animadas, y así rentaba y rentaba películas, ahí fue que me hice cinéfilo.

Luego de ahí me fui familiarizando con el término “director”. Ahí conocí nombres como Steven Spielberg, Roman Polanski, George Lucas, Robert Zemeckis. Se me hacía curioso ver el mismo nombre en diferentes películas, por ejemplo, el de Steven Spielberg en Jurasic Park y ET. Con esta última película fue algo muy curioso lo que me pasó, porque a pesar de que yo sabía que “ET” no era real, tampoco sabía cómo lo habían hecho, y les preguntaba a mis papás, siempre fui muy curioso, ya cuando vi la película en DVD, en los extras supe la verdad.

Y es lo que me conecté más con el cine, más que querer hacer cine, quería saber cómo se hacía el cine, cómo era ese mundo detrás de las cámaras, conocer la falsedad de la realidad. Fue cuando les dije a mis papás de mi intención de querer estudiar cine, pero en ese momento era un gasto muy grande económicamente hablando para mi familia, porque la única opción era la Ciudad de México. Así que me enfoqué a ser un cinéfilo, ver todas las películas posibles de diferentes tipos del mundo, en vez de ser realizador.

Empecé a estudiar dos carreras, luego dejé una cuando se abrió el CCA, después dejé la otra cuando supe que tenía que dejarlo todo por el cine, no veía el caso de estudiar una cosa a la que no me iba a dedicar. Es algo que le debía a mi yo de 7 años, abandonar todo por este sueño. La deuda que tengo con el cine es tan grande por todo lo que me ha dado, he compartido el cine con familia y amigos, me ha acompañado en momentos muy felices y momentos muy tristes de mi vida.

Además, creo que esta oportunidad nos llegó en el momento exacto para hacer cine, y no sólo lo digo por mis compañeros del CCA, sino por todos los realizadores del estado, es el momento exacto para poder hacer cine sin tener que salir de acá. El momento es ahora. Somos una generación muy afortunada y debemos estar agradecidos por eso.

viernes, 17 de abril de 2020

Virus y pandemias en el cine - primera parte: aislamiento

texto ERIC EDUARTE VILLA

Durante décadas el cine nos ha entregado películas bajo la temática apocalíptica, muchas de ellas sobre algún virus que desata una pandemia e infecta a la mayor parte de la población mundial. En esta primera entrega de Cinéfagos hablaremos sobre tres películas que llevan la temática de aislamiento y que también tienen una estructura de guion donde la película se lleva a cabo en lugares de encierro.

TRAIN TO BUSAN (Estación Zombie)
Corea del sur, 2016

Dirigida por Yeon Sang Ho, esta cinta nos adentra a la supervivencia de un grupo de ciudadanos coreanos a través de un tren en marcha que atraviesa distintas ciudades, sin saber qué sucede fuera de los vagones. La trama nos lleva al encierro de este medio de transporte, donde en un espacio reducido el director es capaz de entregarnos una tensión, un terror y sobre todo un dramatismo tremendo. Nos muestra que no es necesario mirar ciudades destruidas o ver al ejército combatir el virus a través de sus infectados para sentir dramatismo y emoción.

Yeon cuida mucho los personajes que no sean simples protagonistas del suceso, sino que tengan una historia y arco dramático; a la vez introduce en cada uno la representación de cómo los gobiernos llegan a trabajar indebidamente las contingencias. Algo también interesante es cómo mueve a través de una sola línea de escape a los personajes; en un vagón en movimiento no hay más a dónde ir. El peligro está fuera, pero también dentro, haciendo una película inquietante y desesperante y más aún para los que sufren de claustrofobia. Por momentos se vuelve un drama, englobando el trasfondo de la película, aparte de espantarte, seguro puede sacarte una lágrima.


REC
España, 2007

Cuando casi todo el cine de zombies y de virus se concentraba en la industria Hollywoodense, de pronto aparecen un par de cineastas españoles, Paco Plaza y Jaume Balagueró, que lanzan un día el promocional de una película llamada REC. Lo que nos presentan en su primera entrega del 2007 fue algo que no se había visto antes, un falso documental donde una reportera de una canal de televisión de Barcelona acude una noche a realizar un reportaje de cómo viven los bomberos de la ciudad e incluso los acompañan a un recorrido de una emergencia. Pero es ahí donde todo cambia y comienzan una serie de sucesos aterradores que nadie entiende por qué están pasando.

Surgen infectados que de manera violenta atacan a las personas sanas, infectándolos al mismo tiempo. La oscuridad, el espacio reducido de un edificio de departamentos donde la trama se vuelve un arma para llevar al extremo las sensaciones y emociones del espectador, sin nada de soundtrack durante toda la película y solo escuchando los sonidos y diálogos generados casi desde su improvisación, algo con lo que estuvieron casados los dos directores de la película. Buscaban generar un miedo real a los actores para hacer que sus interpretaciones tuvieran esa naturalidad al momento de que sucedieran las manifestaciones aterradoras.

Se optó por buscar gente con poca o nada de experiencia, hasta los castings realizados generaban esa intensidad: existía un guion, pero muchas cosas no fueron dichas a los actores. Y para no caer en lo típico de un virus, al final nos introducen a la última habitación, la más pequeña de todas donde nos cambia todo y lo vuelve más espeluznante, resultando ser una posesión demoniaca que se va contagiando. Salir de esa función del cine provocó que esa noche muchos cinéfilos no durmieran.

REC reinventó las cintas de terror, antes de ello las bases ya la había colocado La Bruja de Blair. Pero muy alejada de las películas norteamericanas bajo este tema, REC nos introduce a la angustia y el miedo por los eventos que suceden sin explicación. El encierro y aislamiento en cuarentena de los personajes empiezan a llevar a los espectadores a esa incertidumbre de lo que ocurre, y gracias a la técnica de falso documental, nos hace un personaje más.


I'M LEGEND (Soy Leyenda)
Estados Unidos, 2007

Una película de aislamiento, un virus que devora la humanidad y que nos presenta a la única persona sobreviviente del planeta es Soy Leyenda, protagonizada por Will Smith y dirigida por Francis Lawrence. La cinta nos lleva a la vida de un hombre, de cómo vive en la soledad de la gran manzana, solo acompañado de su perrita Sam. que si no fuera por ella quizá el científico Robert Neville (Will Smith) habría entrado en la locura y la perdición. La película está basada en la novela homónima de 1954 escrita por Richard Mathenson, que con esta termina siendo la tercera adaptación que se le hace, las dos anteriores son The Last Man on Earth (1964) de Ubaldo Ragona, y Sídney Salkow, y The Omega Man (1971), de Boris Sagal.

La cinta de Lawrence nos lleva también a esa reflexión de como la naturaleza comienza invadir todo lo que el hombre construyó. Después que un virus se convirtiera en una pandemia, contagiando a la totalidad de la población mundial. En la soledad de Robert solo le queda mirar en el televisor a través de VHS y DVD lo que la humanidad un día fue, cuando aún existían habitantes en el planeta. Cayendo poco a poco en la locura habla con maniquíes que él mismo ha colocado en diversos puntos de la ciudad, mientras busca alimento para sobrevivir. Si bien no tiene alternativa, acude a la caza de diversas especies de animales para su supervivencia.

Un virus que arrasó con la humanidad ha convertido a las personas en seres nocturnos, con características vampirianas, que de alguna manera no son zombies, ya que hasta cierto punto siguen teniendo un razonamiento e incluso sentimientos, pero con una actitud hostil. El objetivo de Neville es encontrar una cura para volver a la normalidad a todos los infectados, prácticamente a todos los humanos del mundo. Una película por momentos con una esencia de terror, ya que la cinta va más enfocada hacia la ciencia ficción y con características del drama. La banda sonora compuesta por James Newton Howard nos lleva la conexión de esos arcos de tensión hacía los instantes de mayor drama y, sobre todo, de la soledad del personaje.

jueves, 16 de abril de 2020

El Ángel Exterminador: la imposibilidad de cumplir un deseo

texto MAIRELY YARESI MURO

¿Cómo puede la humanidad sobrevivir ante la imposibilidad de satisfacer un deseo sencillo? El ángel exterminador, película de 1962 dirigida por Luis Buñuel, es una película que puede tener varias interpretaciones, ya que se han realizado diversos análisis desde su estreno y aún sigue dando de qué hablar. La cinta da inicia cuando el matrimonio de los Nóbile ofrece una cena en su mansión para 20 invitados que acuden después de haber disfrutado de la ópera.

El evento transcurre armoniosamente, aunque de forma inexplicable los miembros del servicio doméstico sienten la necesidad de abandonar la mansión con urgencia, sin saber ellos mismos el motivo. Atendidos por el mayordomo, los invitados disfrutan de la velada y del concierto de piano ofrecido en el salón por una de las damas. Cuando la celebración llega a su fin, deciden unánimemente dormir en la misma estancia en el que tuvo lugar el concierto.

La situación es algo incómoda, pero todos intentan descansar sin llamar la atención, sobre lo extraño que resulta que ninguno se haya marchado aún. Por la mañana, cuando se disponen finalmente a salir del salón, se dan cuenta de que, pese a estar la puerta completamente abierta, simplemente “no pueden salir”. Al principio los invitados parecen relajarse ante las circunstancias, sin embargo, la situación se agrava una vez que el agua comienza a escasear.

En esta atmósfera suceden una serie de acciones incomprensibles a primera vista, uno de los presentes fallece debido a que está enfermo, otra pareja se suicida en un armario y el resto de los invitados cazan y cocinan a unos corderos que aparecen repentinamente. La película es una mezcla de drama, surrealismo, humor negro y algo absurdo que solo el gran Luis Buñuel podía lograr.


La tensión termina por provocar la histeria colectiva hasta que una mujer descubre cómo escapar. El tiempo no es lineal, no sabemos si han pasado horas, días o meses. En la primera parte de la cinta, durante la velada, el guion ofrece un despliegue de libertades por parte de los personajes, reproches, críticas explícitas, demostraciones de deseo físico, intrigas, conspiraciones y quejas tienen lugar entre ellos de forma espontánea, aunque sea la libertad lo que no se puede concretar.

Es notoria la repetición de acontecimientos, tal cual como la vida. El magnífico nombre de El ángel exterminador viene de La Biblia, del libro del Apocalipsis, por lo cual ha sido comparado con este en su interpretación. Se dice que es una recreación, no solo por las imágenes, si no por los sonidos, pues oímos el crepitar del fuego, el correr de las aguas, el azotar del viento, los pasos sobre la tierra, y esto lleva a la agonía extrema de los personajes.

La narrativa es difícil e inexplicable, pero la gente siempre quiere una explicación para todo. Y para todo lo que no encuentran explicación, recurren en última instancia a Dios. Pero ¿de qué les sirve si también tendrían que explicarlo? Una irreverente visión del mundo queda plasmada en el filme, llegando con naturalidad a los interrogantes formulados en el inconsciente del espectador, aquellas cuestiones que como seres sociales nos planteamos, al menos, una vez.

Si se estrenara en 2020 ¿habría alguna diferencia de nuestro comportamiento? en 58 años no hemos avanzado como seres humanos y seguimos sacando lo peor de nosotros en circunstancias extremas, siendo una peste con nuestras fallas, agresiones, pereza y falta de empeño que no nos permiten progresar, ni seguir, ni poder salir como les sucede a nuestros personajes, que tienen la imposibilidad de satisfacer ese sencillo deseo y no hay ningún impedimento para realizarlo.

miércoles, 15 de abril de 2020

Encuentro: caminos que llevan a conocernos

texto ANDREI MALDONADO

Existen cortometrajes que son realizados con el objetivo de ser visionados en algún mercado de cine, en el área de “industria” de algún festival o concretamente son creados como pitching, para conseguir fondos y posteriormente convertirse en largometrajes. Desconociendo si Encuentro (2019) de Iván Lowenberg es de este tipo de cortometrajes, puedo decirles que, al final de los 17 minutos que dura solo puede uno decir: ¿y qué sigue?

Y la verdad es que el espectador se queda con ganas de saber más de los personajes, conocer un poco de su pasado y qué rumbos tomarán a partir de los acontecimientos contados. Para contagiarlos un poco de esa misma inquietud que me abordó a mí al verlo (pero sin hacerles spoilers) les diré que Encuentro es el gran ganador del pasado Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) en la categoría de cortometraje de ficción.

Pero lo importante aquí no son los premios o distinciones, lo realmente relevante del trabajo del director de La Castración es lo que nos cuenta. Nos vamos adentrando poco a poco en la vida de los personajes, en lo que en apariencia podrían ser dos familias muy dispares. Una está integrada por Lulú y Arcelia, dos mujeres mayores que viven juntas. Del otro lado está Julián, quien habita un departamento al lado de su madre y abuelo.

Conforme va avanzando la historia (porque afortunadamente no vi sinopsis alguna antes) vamos descubriendo el hilo que va conectando las historias. Lo más evidente pasa en casa de Julián, interpretado por el talentoso Hoze Meléndez. El joven vive rodeado de un ambiente tradicionalista, que lo desaprueba por cómo se viste y de cómo se expresa, hasta que terminamos descubriendo que lo que teme su madre tiene que ver con su sexualidad.

En casa de las dos mujeres una tragedia sucede y es cuando el espectador realmente sabe qué las conecta. Y cuando pareciera que nada une a las dos historias lo revelador sucede: Lulú era la tía de Julián y uno de los principales motivos por el cual no tenía contacto con ella tiene que ver en el rencor que su abuelo le guardaba. Tabúes sobre la identidad de género, situación que atrae fuertemente a Julián en búsqueda de sí mismo.

Al final el encuentro sucede y de ahí el final. Por eso es que el espectador se queda con ganas de más, porque si en 17 minutos Iván fue capaz de hacernos sentir tantas emociones ¡imagínense si esto se convierte en un largometraje! Sobra decir que la calidad de la imagen, los ambientes y las actuaciones amalgaman perfecto para hacer de este cortometraje un merecido ganador de la justa michoacana del año pasado con mucho futuro en festivales.

sábado, 11 de abril de 2020

Nace Paloma Itinerante TV, plataforma de cine duranguense

con información de PALOMA ITINERANTE

Como parte de los tiempos que se viven ante la contingencia por el virus Covid-19, y en el afán de acercar de mejor manera y a más público el cine que hacen los duranguenses, el Festival de Cine Duranguense Paloma Itinerante ha creado la plataforma Paloma Itinerante TV, que contiene 30 de los 43 cortometrajes exhibidos durante siete años de vida del festival.

Géneros muy diversos que abarcan desde la ficción hasta el documental, pasando por la animación, el videoclip y lo experimental, donde participan más de 20 cortometrajistas, hombres y mujeres, de diversas edades. Los trabajos han sido filmados en Durango y también fuera de sus fronteras, como la Ciudad de México y en Estados Unidos, varios de ellos galardonados internacionalmente.

Se han respetado los enlaces originales que los directores usaron para subir sus trabajos, por lo que no se vulneran las vistas que cada uno recibe en sus canales de Youtube y Vimeo, al contrario, se ayuda a que puedan monetizarlos de mejor manera, sin que haya una cuota para que el público pueda verlos; cabe destacar que el festival no obtiene ningún beneficio económico, como todas sus actividades son gratuitas.

El enlace para visualizar los cortometrajes es: palomaitinerante.blogspot.com y se espera en un futuro aumentar el catálogo, que hasta el momento incluye títulos desde 1979 a la fecha, de directores como Juan Antonio de la Riva, Deniss Barreto, David Rodríguez Estrada, Fernanda Simental, Andrei Maldonado, entre otros.