jueves, 7 de septiembre de 2017

Cine y existencialismo

por LUIS ABEL CHÁVEZ BERMÚDEZ

El existencialismo es un movimiento filosófico que se originó entre el siglo XIX y XX. Esta corriente se enfocaba en el estudio de la condición humana, las emociones, el compromiso individual y la libertad. El existencialismo le devolvió al hombre su papel como individuo, colocándolo en el medio de la reflexión filosófica y distinguiéndolo como un ser sin ataduras y totalmente autoconsciente. Su enfoque se centra en la existencia propia del hombre, de su ser, y en la búsqueda de soluciones a los problemas del hombre.

El existencialismo filosófico ahonda en el mundo del cine a finales de la segunda mitad del siglo XX, posterior a la efervescencia del neorrealismo italiano. Estas corrientes filosóficas influyeron en muchas formas de expresión artística, pero encontraron en el cine una plataforma para su expansión en las masas.

En el cine italiano se puede observar la preocupación social, por lo que se enfoca en la relación entre hombres, su comunicación y sobre los sentimientos frente al modelo social y económico. Ocho y Medio, la obra cumbre de Federico Fellini, muestra el existencialismo con un fuerte matiz psicológico. Es una catarsis visual en la cual se suscita una preocupación existencial artística de sí mismo; es la encrucijada interior al cuestionarse si sabía lo que traía entre manos y si tenía algo qué decir. Después del rotundo éxito de la película La dolce vita, el realizador se enfrentaba a una presión por los rumores de que ya no tenía ideas. Así en algunos diálogos de Ocho y medio pueden leerse frases como: “Tú ya no eres el de antes ¿una crisis de inspiración?, ¿y si fuera la caída final de un cochino farsante sin olfato ni talento?”.

Se puede decir que Ocho y medio es la ruptura de Fellini con el neorrealismo al presentar esta realización prácticamente autobiográfica. En esta película vemos el cine dentro del cine, en la cual el protagonista se ve bajo presión de todos los personajes que quieren salir beneficiados, por lo que el director escapa para adentrarse en sí mismo. Esta sin embargo se convirtió en una moda del cine de la época: cine de auto-reflexión, introspectivo; sin embargo Ocho y medio se convirtió en una de las más extremadamente personales.

El lugar de donde proceden los directores también influye en la forma en que abordan las temáticas existenciales; al ser la religión luterana predominante en Suecia, en El séptimo sello, Bergman aborda el tema de la religiosidad, el sentido de la vida, el más allá de la muerte y el silencio de Dios. Ambientada en la Suecia medieval, la historia se acompaña frecuentemente de imágenes religiosas, además en el desarrollo de los diálogos está presente el juego contra la muerte, que es el tema central de este filme. Por otro lado el director italiano Michelangelo Antonioni, quien debido a la región de dónde provenía se vio influenciado por los paisajes rurales, la niebla, la soledad y la incomunicación, aspectos que se ven plasmados en su obra.


“Toda obra de arte adquiere un valor social en su contacto con el público; es decir que promueve y determina ciertas corrientes concretas e ideológicas, ciertas agitaciones de opiniones y de humores que nunca permanecen estériles, sino que fermentan fuertemente en la masa heterogénea de los factores sociales como anticipaciones ideales de la historia próxima”.

Para una mayor comprensión de los filmes hay que conocer el contexto socio-histórico en el que fueron realizados; así en películas como El último tango en París (Bernardo Betolucci, 1972), Francia, Italia y España se vieron sacudidas en los años setentas por las revueltas de estudiantes y trabajadores. Por ende se integran diversos elementos sociales, que al momento de apreciar la obra se percibe una situación muy dramática por esos años de agitación.

Para Dolores Cabrera Déniz la iluminación juega un papel fundamental en la obra de Bertolucci: “Recurre al claroscuro en las escenas de mayor dramatismo y haciendo uso de escenarios oscuros, que contrapone a amplios espacios luminosos en representación de las vidas opuestas de los protagonistas”. Y es precisamente una de las aportaciones de esta corriente al cine mundial. Al hablar de las cualidades estéticas de iluminación de este filme nos remite a las pinturas del pintor italiano Caravaggio; los claroscuros y las composiciones en sus obras de arte que inspiran a cineastas para luego ser replicados en las obras cinematográficas.

Así la influencia de esas corrientes filosóficas crearon un concepto de estética visual y contenidos psicológicos que continúa hasta el cine de nuestros días y que podemos apreciar en los filmes de realizadores como: Lars von Trier, Woody Allen, Andrei Tarkovsky, Cristopher Nolan, Jaco van Dormael, por mencionar algunos. En filmes de estos cineastas se incluyen temas filosóficos como la muerte, la injusticia, la naturaleza de nuestras acciones, y se exploran los confines de la experiencia humana. Recientemente el cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu en la película Birdman abordó fuertemente ese concepto existencialista, donde el personaje principal busca salir del encasillamiento como actor, para consolidar su esencia y llenar de sentido su vida.

El cine y el pensamiento filosófico en general han estado ligados desde los primeros intentos del cine por mostrar la vida cotidiana del hombre. Es así como va configurándose este entramado de las nuevas poéticas cinematográficas con aportes a la historia, a la estética, al lenguaje cinematográfico y que los nuevos cineastas a la luz del pensamiento estético proyectan su visión particular en sus obras cinematográficas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario