domingo, 6 de noviembre de 2016

La Giovinezza: juventud eterna

texto JUAN JOSÉ ANTUNA ORTIZ

¿Vale la pena esperar más de un año para ver lo mejor del cine europeo en nuestro país en vez de verlo en una plataforma online en la comodidad de nuestra casa? Por supuesto que vale la pena y para comprobarlo hoy quiero compartirles mi sentir en torno del último filme del realizador italiano Paolo Sorrentino: La Giovinezza.

Después de su pulcra obra La Gran Bellezza, Paolo Sorrentino nos entrega en el 2015 su último gran trabajo La Giovinezza, la cual se estrena en la selección oficial de competencia en Cannes en donde obtiene en su mayoría buenos comentarios, lo cual no nos debería de decir mucho pues como sabemos algunas veces los críticos de cine escriben según el auge que esté en cuestión.

La Giovinezza nos cuenta la vida del director de orquesta retirado Fred Ballinger, quien se encuentra de vacaciones en un hotel suizo junto con su mejor amigo Mick Boyle, un director de cine que se encuentra escribiendo el guion del que será su último filme y con el que dejaría todo su legado para la eternidad, su “testamento” como él lo llama.

Sometido a la presión de un enviado de la reina Isabel II para que toque en el cumpleaños del Príncipe Felipe una canción que él no tiene ni el más mínimo interés de volver a dirigir, su hija y sus problemas maritales con el hijo de Mick y sus recados de editores italianos y franceses que insisten en que escriba una biografía, Fred se reconforta en las pláticas con su viejo amigo sobre sus mejores épocas y haciéndole bromas el cual siempre le cree.

Ahí también conocen al joven actor Jimmy Tree, el cual también pasa muchas tardes y charlas con Fred y Mick, pues está en el hotel para preparar un personaje (el cual más adelante nos percatamos en la película que es nada más y nada menos que a Adolf Hitler). Al final con unos personajes que pierden todo y otros que encuentran lo que buscaban, “La juventud” se encuentra al final del viaje, cuando se sabe que no importa en donde concluya la aventura, porque de eso no se trata el camino.

Paolo Sorrentino no sólo nos tiene acostumbrados en sus filmes a una belleza y una poesía escrita, también a una belleza y poesía visual; una fotografía inmejorable, cada escena, cada toma, cada cuadro de esta película pareciera más una sucesión de hermosas pinturas en movimiento, los colores que brillan en una inmensa oscuridad, una obsesión casi incontrolable de él hacia los tonos amarillos.

La película no tiene la “fuerza” que tiene La Gran Bellezza, pero no deja de ser hermosa, divertida, cruda, real y encantadora. Vemos las actuaciones de un todopoderoso como lo es Sir Michael Caine que deslumbra, un Harvey Keitel a la altura de su co-estelar, y un talentosísimo Paul Dano que pareciera es lo único rescatable de una generación que parecía no nos regalaría actores de época y acá está este joven sacando la cara, haciendo una majestuosa actuación. Rachel Weisz, Jane Fonda y demás actores hacen que esta película sea redonda. (como el Maradona y la Miss Universo que podemos apreciar en este filme).

El final es tan enigmático que uno se engancha más en la historia, pues cuando un pensara que la vida ya no da para más, cuando hay que dejar de hacer lo que uno amaba cuando aún podía, la poesía, la belleza de lo cotidiano, las personas nos hacen entender que las vivencias, los sentimientos, las emociones y el amor nos hacen jóvenes eternamente, y también nos convertimos en seres inmortales, como las películas.

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