domingo, 6 de noviembre de 2016

La Caridad: El arte de dar y recibir

texto ERIC EDUARTE VILLA

El cine es un acontecimiento que requiere una absoluta coordinación para que todo funcione como el mecanismo de un reloj. Cuando todo marcha en orden y a lo planeado la película puede garantizarse. Claro, siempre debe de haber una gran historia que respalde el monumental trabajo de la producción. La cinta de Marcelino Islas maneja las piezas en el tablero para dar esa Caridad al espectador.

La historia de un hombre adulto que tras un accidente de automóvil tendrá que permanecer en la invalidez, limitándose a continuar con las actividades que a diario realizaba. De ahí comienza la vida del personaje o bien vuelve a sus años de juventud, buscando demostrar que cualquier adversidad no es obstáculo, ser independiente, siguiendo demostrando que es como cualquier otra persona.

Jaime Garza le apuesta a esta cinta tras un par de años ausente en el medio escénico, como si estuviera interpretando a su personaje que le da el boleto de regreso a la pantalla grande, obtiene esa fuerza para entregar una de sus mejores actuaciones.

Todo esto mezclado con una organización técnica en imagen y sonido. La película se transforma en un reloj que marca la hora en el momento exacto. Con planos de cámara que manejan el discurso narrativo de la historia, sabiendo el director dónde y qué emplazamiento funciona para la acción en turno, convirtiendo los silencios en diálogos y los sonidos en música que componen este rompecabezas bien estructurado desde su planeación. Y la búsqueda al final de la persona retorna siempre a esa vida transformada o bien resolviendo sus ansiedades.

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