viernes, 28 de diciembre de 2018

Los Olvidados: la cruenta realidad de Buñuel

texto MAIRELY YARESI MURO

Conocer las joyas cinematográficas de todos los tiempos debería ser una obligación, una de estas es sin duda Los Olvidados, de Luis Buñuel, la cual representó en su tiempo una cruda realidad descrita magistralmente en el filme; nos muestra la falta de comunicación en el hogar, la explotación de la mujer, el machismo, la falta de la figura paterna y materna, las malas influencias entre jóvenes, promiscuidad, mugre, abandono y falta de oportunidades. Buñuel logra penetrar en la mente del espectador utilizando montajes y diseños magníficos.

El surrealismo en este filme fue utilizado para aproximarnos a una realidad que queda impresa en el inconsciente. Los animales juegan un papel importante: gallinas que tienen un bello vuelo en cada escena y sufren también la rabia de Pedro, uno de los protagonistas. Parecieran representar algo simbólico. La leche que dan las vacas era el alimento opulento para los olvidados, “El Ojitos”, niño campesino abandonado, mama de ella como si fuera su madre; el burro es utilizado como instrumento ante las circunstancias para llevar en el lomo el cuerpo de un niño asesinado.

Otro elemento surrealista es el protagonismo que se le da a los sueños, que indican los conflictos y las frustraciones de los personajes: niños carentes de afecto, atención y por esto son incapaces de recibirlo cuando se presenta, sueños donde se la madre vestida de blanco y cariñosa, extiende sus manos, nos dice que pese a las circunstancias los personajes tienen imaginación.

La presentación cruda de la violencia infantil y juvenil contra personajes en apariencia indefensos, como un ciego músico y un vendedor inválido que mueve su carrito con las manos a falta de piernas. No hay héroes ni villanos en esta historia, la trama no va resolviendo situaciones para tener un final feliz, cada personaje se queda solo sumido en sus circunstancias que los ponen al borde de la locura. La música nos transmite esos sentimientos que son representados en la pantalla en cada escena nos dan esperanza, pero termina venciendo la realidad.

La película fue rechazada en la Ciudad de México, no estuvo más de tres días en cartelera, tal vez por mostrar una visión descarnada de la sociedad mexicana, en la que sucedían actos de esta índole día a día. Pero como se trata de una obra surrealista, rica en cuadros artísticos, imágenes subliminales y oníricas, se convierte en una obra de arte. La película es premiada en Cannes y reconocida internacionalmente.

La mayoría de los mexicanos de aquella época preferían optar por historias donde los pobres eran buenos, y aunque vivían tragedias y carencias como las descritas en Los Olvidados, algún día serían recompensados, así que no importaba el hambre ni el sufrimiento; la mujer sumisa era sometida a las decisiones de su hombre y nos daba un ideal de la mujer perfecta para cierto tipo de películas y aquellas que se revelaban eran juzgadas como personas sin valores.

Estoy convencida que en la actualidad pasamos ese mismo bache en la preferencia de películas mexicanas que están en cartelera, en apariencia nos divierten y nos hacen olvidar la triste realidad que vivimos, pero que nos están llenando de personajes sin sentido, incongruencia en las historias, carencia de elementos cinematográficos y la falta de oportunidad para que buenas historias lleguen a el público.

En esta obra, como en todos sus filmes, Buñel nos regala una riqueza visual con su personalidad estética, un estilo sencillo y claro, excelente ritmo, así como diálogos congruentes. Hay mucho que aprender de los grandes cineastas del siglo XX, de películas extraordinarias creadas por autores con talento nato, que antecedieron a grandes obras cinematográficas que tenemos hoy en día,
Los Olvidados es algo extraordinario que reúne todos los elementos para una magnífica obra de arte para quien lo sabe apreciar y a quien no le permite ver la cruda realidad de algunos mexicanos de 1950 y que sigue existiendo hasta el 2018, no siendo cuestión de conciencia si no de olvido.

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