texto JUAN JOSÉ ANTUNA foto ALEJANDRO RIVAS
Cuando asumí la responsabilidad de dirigir el Festival de Cine Paloma Itinerante, me prometí que no escribiría nada sobre el mismo, puesto que, a mi parecer, además de poco ético, desde el exterior podría percibirse como una especie de conflicto de interés, además de que, a pesar de lo que a veces aparenta ser, hay muy poca egolatría en su servidor.
Pero en esta ocasión me siento en la total necesidad moral de escribir sobre el Paloma, por una simple y sencilla razón: los ataques a los que con alevosía o por desinformación, nos hemos visto sometidos este año. Y es que, hay que decirlo con todas sus letras, y como diría el vasto mundo de los memes: "les arde ver a un cabrón que no espera algo a cambio". Y a esta sentencia de sabiduría digital, yo le agregaría, desde mi posición, "y aun así hace lo que ama".
Hablando en el caso del Paloma, lo que pareciera ser un completo capricho de quienes dirigimos el proyecto y creamos el concepto que hoy día tiene; realmente no lo es. Creo que el hecho de que un proyecto cultural independiente y completamente autogestivo. con doce años de existencia, siga funcionando, es porque ofrece algo distinto, y que va más allá de la terquedad de su servidor y las y los compañeros que se han sumado y han participado a lo largo de estos años.
Sin el Paloma, no habría venido a Durango uno de los directores de cine más interesantes que hoy día tiene nuestro país. No habría existido un Catálogo con varios de los cortometrajes que se han realizado y proyectado en los diferentes festivales que han existido en Durango del 2013 a la fecha. El cine duranguense no habría pisado salas independientes y cinetecas en ciudades como Tijuana, Cabo San Lucas, Puebla; y lugares míticos culturalmente hablando en la CDMX como la Casa Rafael Galván y las salas de la Cineteca Nacional.
Tampoco habría existido esa ventana de exhibición para los primeros trabajos de voces nacientes de la cinematografía local como Brandon Alvarado o Allis Palma. No habría ganado un reconocimiento un artista como Luis Enrique Castañeda con un cortometraje tan completo y peculiar que para los festivales hegemónicos habría pasado de noche. Y nadie habría festejado en Durango los 50 años de trayectoria del maestro Juan Antonio de la Riva.
Su servidor reconoce el valor y la vital importancia de cada uno de los esfuerzos y distintas actividades culturales que tenemos en la ciudad, hechas desde la independencia “oficial” y gubernamental, por eso siempre he celebrado que esta ciudad pueda tener más de un Festival de Cine (yo que sí soy un cinéfilo empedernido que le gusta ver todo, sobre todo cuando hablamos de cine contemporáneo que pocas veces llega a nuestra ciudad, salvo por los vitales esfuerzos del buen Rolo en la Filmoteca), y siempre lamento cada vez que alguno de estos no se lleva a cabo algún año por “X” o “Y” circunstancia.
De ahí la necesidad y el motivo de este texto, para hacer manifiesto no solo el descontento de que muchas veces se mancille el término de "Festival" y que además de ello, se haga una mala distribución estratégica en cuanto a sus fechas de realización, sino también se quiera desprestigiar o hacer menos el esfuerzo que los proyectos verdaderamente independientes y completamente autogestivos como lo es el Paloma, cuando el Paloma jamás ha querido ser el mejor o querer competir con alguien. No por nada el Paloma es el Festival de Cine más longevo en Durango.
El Paloma, funciona y seguirá funcionando porque es un esfuerzo y una ventana que, si bien su razón de existir radica en servir y querer ver siempre por el cine que hacen los jóvenes duranguenses sin exclusión alguna, el principal motor de este es que sea un Festival de Cine del cual las personas que lo hacemos nos podamos sentir orgullosos de hacer. Poder involucrar y traer el cine de amigos, gestionar y traer películas distintas al status quo y que nosotros siempre soñamos poder ver en pantalla grande en nuestra ciudad y compartir con otros amigos.
El Paloma, además de ser un Festival de Cine autogestivo, que jamás se hará por lucro o querer ganar dinero quienes lo hacemos (de hecho, no nos importaría quedar en bancarrota por un proyecto al que amamos y en el que creemos), es un proyecto de resistencia. Así fue como nació, y así es como morirá: sí, resistiendo, pero, sobre todo, hasta el día que quienes lo hemos hecho y alimentado, queramos dejar de hacerlo, sin que nada tenga que ver la presión externa, o lo que piensen los demás.
Porque, aunque mucha gente que dice hacer cine haya perdido el piso por exponerse a las normas cuadradas que dicta la industria y su noción de arte cinematográfico sea muy limitada, exhibir y escribir sobre cine, también es hacer cine.

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