sábado, 3 de marzo de 2018

Post Tenebras Lux: la luz que nunca llega

por ANDREI MALDONADO

Comúnmente no suelo escribir de las películas que no he disfrutado, no soy crítico de cine para hacer eso. Sin embargo cuando he leído la reseña que para esta edición nos compartió nuestro compañero Juan José Antuna Ortiz (a quien agradezco este y todos los aportes que hace a Cinéfagos) no pude dejar de pensar que a veces una “no-película” merece también su “no-reseña”.

Más allá de la animadversión natural que me causa el cine de Reygadas y de varios directores alrededor del mundo que como él han optado por hacer películas “contemplativas” o más bien “soporíferas”, Post Tenebras Lux significa para mí una de las más grandes decepciones cinematográficas, de las pocas películas que casi me han hecho salir de la sala.

La carencia de línea argumentativa o el empleo de no actores que no actúan (pues hay no actores que lucen muy profesionales, no así los de Reygadas) son solo una parte de lo mucho que hace que esta película para mí sea realmente vomitiva. No se nos puede vender esta como la obra de arte que el cine autoral estaba esperando, pues que el discurso no sea lineal, como sostenía Godard, no da derecho a que cualquier cosa pase por “arte” (ojo, Godard será difícil de entender, pero nunca ha sido incoherente).

Todo se puede filmar, pero no todo lo que se filma es cine, y definitivamente Post Tenebras Lux es la antítesis del cine, es la negación completa de una obra evolutiva de más de 120 años de historia. Reygadas se ha convertido en un director muy perezoso, el cual ha abrazado el lugar común que ofrecen “sus historias” y, arropado por los fondos del Imcine y premios en Cannes bajo el brazo, al parecer no quiere salir de ahí.

Pero, pensándolo bien, no debería inquietarnos demasiado, pues, a fin de cuentas, hacer películas sin respeto al cine es más común de lo que creemos y no, no hablo de las comedias románticas. Sobran ejemplos desde el mal llamado “cine de autor” como el que pretende hacer Michel Franco, el cual muy cínicamente acepta contar malas historias porque no sabe cómo hacer cine. En fin, el gusto se rompe en géneros, y en este mundo hay malos gustos en todos los géneros cinematográficos.

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